A veces nos sentimos sin rumbo en la vida, no sabemos muy bien lo que queremos y si lo sabemos, no lo tenemos suficientemente definido… Nos pasa a todas. Es normal, pero aquí y ahora, te animo a DEFINIR TUS OBJETIVOS, TUS SUEÑOS, TU CAMINO DE VIDA para seguir caminando.

¿Cómo? Escribe en una hoja, a puño y letra, qué es lo que deseas, descríbelo con todo lujo de detalles: el lugar, si implica a otras personas, cómo crees que te vas a sentir o que es lo que te va a aportar, por ejemplo. Una vez dibujados los contornos de tu camino, pregúntate: “¿Cuánto tiempo dedico a alcanzar mis sueños?”

Si la respuesta es: “Todos los días dirijo mi energía y tiempo en esa dirección…” ¡Maravilloso, sigue andando y disfruta de cada pisada!  Pero esa no suele ser la respuesta más habitual…

La mayoría de los mortales, vagamos por la vida sin atreVERnos a escuchar lo que añora nuestro coRAZÓN. Si somos lo suficientemente valientes como para escucharlo, nos enredamos en actitudes y hábitos del pasado que no nos permiten avanzar.

En tu caso…

¿Qué es lo que daña tus alas y te impide volar?
¿Cuáles son las cadenas invisibles que te hacen tropezar?
¿Qué te impide avanzar hacia tus objetivos…?

IDENTIFICA Y DESECHA TODO
AQUELLO QUE TE IMPIDE AVANZAR,
FIJA TU MIRADA AL FINAL DEL CAMINO
Y CAMINANTE, A CAMINAR.

Extracto de Proverbios y cantares (XXIX)
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
(Antonio Machado)

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