Dicen que el tiempo es una magnitud física con la que medimos la duración de las cosas sujetas a cambios. El tiempo nos permite ordenar los sucesos en secuencias, establecer un pasado, un presente y un futuro. Pero, ¿y si el tiempo es sólo una ilusión? Si fuera así, ¿cómo podríamos tener recuerdos? ¿Cómo podríamos aprender? ¿Cómo sería posible la existencia del mundo? ¿No tendríamos entonces ni pasado ni futuro?

De existir, el tiempo es algo absolutamente intangible y, aunque hayamos creado herramientas para medirlo, subjetivo. SUBJETIVO en mayúsculas.

A veces sentimos que el tiempo no pasa y otras el tiempo vuela. Pasamos el tiempo presente preparándonos para cosas del futuro. Pasamos el tiempo presente pensando en acontecimientos del pasado. Y mientras tanto, lo único real, el aquí y ahora, se nos escapa entre los dedos de las manos.

Es muy difícil estar en el presente con este ritmo de vida que llevamos: vamos a mil por hora, siempre pensando en lo siguiente que tenemos que hacer una vez hayamos acabado lo que tenemos entre manos. Habitamos el futuro con nuestro pensamiento y eso, nos aleja de habitar el presente. Al estar en el futuro, no asimilamos los acontecimientos que suceden ante nuestros ojos y cuando tenemos algo de tiempo libre, lo usamos para pensar en lo que hemos vivido.Y de nuevo, nos alejamos del presente porque nuestros pensamientos nos conducen a habitar el pasado.

Es una espiral que se retroalimenta. Si en el presente estamos pensando en el futuro, los momentos que no estemos en el futuro los emplearemos en estar en el pasado. Y así sucesiva e irremediablemente, pasando de futuro a pasado y de pasado a futuro.

Si vemos sin mirar, si oímos sin escuchar, si comemos sin saborear, si respiramos sin ser conscientes del aire que llena nuestros pulmones, si tocamos sin sentir, si no ocupamos cada milímetro de nuestro cuerpo, si no nos habitamos… ¿Cómo vamos a sentirnos bien?

Una de las claves para sentirte plena, es estar en el aquí y en el ahora. De hecho, el origen de muchos de los problemas psicológicos que vivimos hoy en día probablemente tengan su origen en esa imposibilidad de ESTAR presentes.

La tristeza y la ira pertenecen al pasado y el miedo al futuro, cuando miramos a otros lugares, y no el que ocupamos, nos alejamos del bienestar. Las personas etiquetadas como depresivas están ancladas en el pasado, en algo que sucedió o que no sucedió y no están en el presente, dan la espalda al ahora, miran hacia atrás… Las personas etiquetadas como ansiosas están ancladas en el futuro, en algo que temen que suceda o que no suceda y no están en el presente, escapan de él y miran hacia delante continuamente.

¿Qué hacemos en psicoterapia más que trabajar el pasado, enfrentar las fantasías futuras y acompañar a las personas en el camino a estar más presentes? Sólo si paramos y comenzamos a habitarnos, a estar presentes, podremos salir de éste laberinto y vivir la vida plenamente.

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