Igual que cada vértice de una figura geométrica es imprescindible para poder conformar un todo, cada punto en nuestro camino es crucial, pero qué difícil es caminar sin saber en qué dirección, sin tener claro qué camino escoger; qué difícil vivir como un bote a la deriva sin saber qué hemos venido a HACER en ESTA VIDA.

Sin saber que sabes, sin saber sabiendo,

Sabiendo sin saber que sabes, saber sin saber sabiendo.

Al cuestionarnos EL PROPÓSITO DE ÉSTA-NUESTRA VIDA nos puede sobrevenir una profunda emoción de incertidumbre y angustia. Este sentimiento nos impide tomar consciencia de que sólo nosotras mismas tenemos la respuesta. No somos una “tabula rasa”, como defendía Aristóteles. La solución a este enigma está y siempre ha estado en nuestro interior, pero a medida que crecemos nos vamos alejando de ella, nos contaminamos de las expectativas ajenas, con las frustraciones del otro, con sus proyecciones.

Nos contagiamos de:

lo que nuestra madre quiso ser y no pudo,

de lo que nuestro padre es y no quiere ser,

de lo que no quieren que seamos,

de lo que…,

de lo que…,

de lo que….

Y en este ser para los demás, MORIMOS.

¿Cómo RE-NACER? ¿Cómo RE-CONECTAR con la fuente? ¿Cómo hallar la finalidad de mi existencia? Comienza por desvestirte de máscaras, de mas-caras; desprénderte de cargas. Escucha tu cuerpo, tu movimiento de vida, tus emociones, tu silencio. Y cuando hallas alcanzado esa quietud, LANZA LA PREGUNTA AL UNIVERSO.  UNA VEZ FORMULADA, SÓLO QUEDA ESPERAR. Probablemente no des con la respuesta en ese preciso momento, pero date tiempo.

Procura mantener una actitud de apertura total, EL BUMERÁN LANZADO AL UNIVERSO VOLVERÁ A TI. Ahora es importante que te mantengas en calma, en contacto con la fuente y contigo misma. Si estás abierta y receptiva podrás escuchar la respuesta cuando llegue y CRÉEME, llegará. Solo es necesario que estés atenta, nadie más que tú puede hacerlo. 

Y seguramente, SIEMPRE HAYAS SABIDO LA RESPUESTA.

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